19-04-2004 - Joaquín Bernal - Comentar este artículo
Si nos paramos a pensar en ello, nos daremos cuenta que los que nos dedicamos a realizar proyectos para clientes nos situamos en un punto de una escala muy concreta. En determinado momento de la película Esta casa es una ruina aparece un carpintero que viaja en coche de lujo, lleva las manos llenas de anillos caros y fija sus citas de trabajo a través de su secretaria.
El posible cliente, Tom Hanks, tiene casi que felicitarle tras haber presenciado como metía mano a su mujer con tal de evitar que el carpintero se vaya sin aceptar el trabajo. Ese es un extremo de la escala. En el extremo opuesto estamos la mayoría de nosotros. Imaginemos la siguiente conversación:- Hola, quería saber cuánto me cobrarían por hacerme un portal. - ¿Un portal? Bueno, veamos, ¿A qué se dedica usted? - Soy fabricante de zunchos y mallazos. - Entiendo. Entonces, es posible que lo que usted necesite no sea un portal. Quizá sea más conveniente pensar en una... - No, no. Quiero un portal. Los de la competencia, Zunchos Peláez, acaban de hacer un portal que tiene horóscopo, información del tiempo, envío de SMS y las últimas noticias del Real Madrid. Quiero uno igual. Pero No. Uno igual no. Quiero uno mejor. Que tenga cosas en flás y hache-eme-ele por todos los lados.Quizá suene algo exagerado, pero no se aleja tanto de la realidad como podríamos pensar. Cuando contactamos con un cliente, la primera dificultad surge a la hora de definir qué es lo que quiere hacer. Pocas veces coincide con lo que realmente necesita, y ahí empieza nuestro trabajo. Cuando esto ocurre, por fin sabemos los motivos que tenían nuestras madres para obligarnos a comer verduras. Lo hacían por nuestro bien. Ahora nosotros nos encontramos en situaciones muy similares; justificando decisiones totalmente obvias, usando verdades a medias, convenciendo a nuestro cliente que lo que más le conviene es esto y no aquello, explicándole que la música MIDI de fondo no es buena idea, que un GIF de 300Kb no se puede aligerar por mucho que le pasemos el Word. Hemos de cambiar la palabra de moda. La usabilidad pasó a la historia. A partir de ahora, lo que importa, lo que asegura el éxito de un proyecto es la clientibilidad. Deberíamos hacer tests de clientibilidad y saber así a qué atenernos. Estaría bien poder entregárselo al cliente en la primera reunión y seguir manteniendo una relación cordial. Podría ser algo así: Valore las siguientes afirmaciones del 0 al 5 según esté o no de acuerdo con ellas. Un 0 significaría &
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