
El señor de la foto es A. P. Rowe (1898-1976). Fue una de las figuras clave en la Segunda Guerra Mundial. Un tipo con un carácter complicado y gran sentido del deber que convenció al Gobierno Británico de la necesidad de desarrollar el Radar como soporte estratégico para la defensa de Inglaterra y guiar el bombardeo de Alemania en condiciones metereológicas adversas.
Durante las mañanas de domingo de 1940, en el Grosvenor Hotel de Swanage (Inglaterra), un grupo de gente convocada por Rowe, responsable del Telecommunications Research Establishment (TRE), se reune en secreto para definir cómo debía funcionar el sistema de radares. Eran los “Sunday Soviets”. Esa “gente” eran tanto jerarcas de la RAF como jóvenes científicos del TRE. Una vez en situación, toda referencia a mando, jerarquía o edad era eliminada y el grupo comenzaba a trabajar sobre los problemas en igualdad de condiciones (de ahí el término “soviet”). Los mandos de la RAF aportaban sus necesidades de operaciones y su experiencia en vuelo y los científicos sus conocimientos técnicos. Cualquier idea podía ser valorada independientemente de su origen. Así, un joven científico podía tutear a un alto cargo sin problemas y colaborar en una toma de decisiones ágil y sin papeleos.

Imagen de un “Sunday Soviet”
Los Sunday Soviets eran secretos, entre otras cosas para escapar del control de los burócratas, intermediarios que retenían la información y ralentizaban la toma de decisiones poniendo en peligro muchas vidas. Esta forma de trabajo, el ambiente relajado y la confianza (“comunicación lateral” que llaman ahora), crearon una sensación de equipo y compromiso que fueron definitivas en el desarrollo del sistema de Radar. Gracias a él (y a unos cuantos Spitfires), los aviones alemanes con combustible para apenas veinte minutos de incursión, fueron derrotados en la Batalla de Inglaterra.
Mientras, en Alemania, las tecnologías de Radar eran más avanzadas pero la maquinaria de guerra del Tercer Reich se basaba en una organización centralizada, fuertemente jerárquica y burocrática que bloqueaba la colaboración entre áreas. Para agravar la situación, Hitler disfrutaba creando rivalidad entre sus mandos (Luftwaffe, SS, Kriegsmarine). Esto originaba silos que competían por llevarse méritos delante de la jerarquía. El método de trabajo se basaba en el ordeno y mando: burócratas atemorizados que imponían a las compañías de electrónica los requerimientos que imaginaban útiles para los aviadores a la vez que trataban de agradar a sus superiores.
Uno de los factores decisivos del resultado final de la Segunda Guerra Mundial fue la colaboración entre equipos variados y la eliminación de toda jerarquía. Los aviadores (usuarios) formulando sus necesidades y científicos (diseñadores y tecnólogos) proponiendo soluciones adaptadas. Sin intermediarios, sin burocracia ni papeles, sin problemas imaginarios ni soluciones oportunistas.
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